
¿Qué tiene de especial el cuello de los Nendertales?
Durante décadas, los neandertales han cargado con numerosos estereotipos. Se les ha representado como humanos encorvados, toscos y con una anatomía poco refinada. Entre esas ideas estaba la creencia de que tenían un cuello recto, rígido y poco flexible, una adaptación supuestamente necesaria para sostener una cabeza grande y un cuerpo extremadamente robusto.
Sin embargo, una investigación publicada en 2025 en Journal of Human Evolution invita a replantear esta visión. Gracias al análisis tridimensional más completo realizado hasta la fecha sobre las vértebras cervicales neandertales, los investigadores concluyen que su cuello probablemente no era menos curvado que el nuestro. De hecho, podría tener una lordosis cervical incluso más pronunciada que la de los humanos modernos.
Un mito anatómico que perduró durante décadas
La idea de que los neandertales poseían un cuello especialmente recto surgió a partir de estudios realizados durante las décadas de 1980 y 1990. A partir de un número limitado de fósiles, se interpretó que la alineación de sus vértebras cervicales difería notablemente de la nuestra, lo que llevó a imaginar un cuello más rígido y con menor capacidad de movimiento.
Aquella hipótesis parecía coherente con la imagen general de un homínido extremadamente robusto. Sin embargo, la disponibilidad de nuevos fósiles y, sobre todo, el desarrollo de técnicas de morfometría geométrica en tres dimensiones han permitido revisar estas interpretaciones con mucha mayor precisión.
El mayor estudio realizado sobre la columna cervical neandertal
El nuevo trabajo analizó 43 vértebras cervicales pertenecientes a diferentes individuos neandertales y las comparó con 243 vértebras de Homo sapiens. En lugar de estudiar únicamente medidas lineales, los investigadores reconstruyeron la forma tridimensional de cada vértebra para comprender cómo funcionaba el conjunto de la columna cervical.
Los resultados muestran que las diferencias entre ambas especies no radican tanto en la curvatura del cuello como en la propia arquitectura de las vértebras.
Los neandertales presentaban vértebras: más anchas lateralmente, algo más bajas, con apófisis espinosas más largas y con facetas articulares orientadas de manera ligeramente diferente.
Estas características sugieren una musculatura cervical especialmente desarrollada y una distribución distinta de las cargas mecánicas, pero no un cuello rígido o poco funcional.


Un cuello preparado para grandes exigencias biomecánicas
La anatomía del cuello debe entenderse como parte de un sistema mucho más amplio que incluye la cabeza, el tórax, los hombros y la musculatura del tronco.
Los neandertales poseían un tórax más ancho, una cintura escapular diferente y una constitución general mucho más robusta que la nuestra. En este contexto, un cuello con inserciones musculares más potentes habría permitido estabilizar la cabeza durante actividades físicamente exigentes, absorber mejor las cargas transmitidas por el tronco y coordinar el movimiento con el resto del cuerpo.
Esto no significa que fueran "más fuertes" únicamente por tener un cuello más musculoso, sino que su anatomía estaba adaptada a unas demandas biomecánicas distintas.
¿Era un cuello menos flexible?
Curiosamente, el nuevo estudio no encuentra evidencias de que la movilidad cervical fuese necesariamente inferior.
Durante años se asumió que una mayor robustez implicaba una menor capacidad de movimiento, pero los datos actuales no respaldan esa conclusión. La disposición de las articulaciones cervicales indica que la movilidad probablemente era comparable a la de nuestra especie, aunque distribuida de forma diferente debido a la geometría de las vértebras.
En otras palabras, robustez no equivale necesariamente a rigidez.
La importancia de estudiar el cuerpo como un todo
Uno de los aspectos más interesantes de esta investigación es que refuerza una idea cada vez más aceptada en paleoantropología: las distintas partes del esqueleto no evolucionan de manera independiente.
El cuello de los neandertales no puede comprenderse sin tener en cuenta la forma de su cráneo, la amplitud de su caja torácica, la posición de los hombros y la biomecánica general de todo el tronco.
Cada una de estas estructuras forma parte de un mismo sistema funcional que evolucionó conjuntamente durante cientos de miles de años.
Una nueva imagen de los neandertales
Cada nuevo descubrimiento contribuye a desmontar la imagen simplificada que durante mucho tiempo hemos tenido de los neandertales.
Lejos de ser humanos "primitivos" o anatómicamente inferiores, poseían un cuerpo extraordinariamente especializado para desenvolverse en los ambientes del Pleistoceno europeo. Su cuello no era una estructura torpe o limitada, sino una adaptación eficiente integrada en una anatomía muy distinta de la nuestra.
La evolución no sigue un único camino. Los neandertales y Homo sapiens desarrollaron soluciones anatómicas diferentes para afrontar desafíos similares, y precisamente esas diferencias son las que hoy permiten comprender mejor nuestra propia historia evolutiva.



