
¿Puede el ADN revelar quién pintó el arte rupestre?
Uno de los grandes desafíos de la arqueología prehistórica consiste en responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién realizó las pinturas rupestres?
Durante décadas, los investigadores han intentado relacionar las manifestaciones artísticas del Paleolítico con las poblaciones humanas que habitaron las cuevas. Sin embargo, establecer esa conexión ha sido extremadamente difícil. Las pinturas rara vez aparecen asociadas directamente a restos humanos y, en la mayoría de los casos, resulta imposible saber quién las realizó.
Ahora, un estudio publicado en Nature Communications abre una nueva línea de investigación al demostrar que el ADN humano antiguo puede conservarse en las paredes de las cuevas durante miles de años. Aunque todavía no permite identificar a los autores de una pintura rupestre, este hallazgo supone un importante avance para la paleogenética y la arqueología.
¿Es posible obtener ADN directamente de una pared?
Hasta ahora, la mayor parte de los estudios de ADN antiguo se habían centrado en materiales como huesos humanos, dientes, sedimentos arqueológicos, herramientas de hueso o restos orgánicos.
Las paredes de las cuevas apenas se habían considerado una posible fuente de información genética. Sin embargo, cuando una persona toca una superficie rocosa, sopla pigmento para realizar una pintura o manipula materiales sobre ella, puede dejar pequeñas cantidades de ADN. La gran incógnita era si ese material genético podía sobrevivir miles de años en un ambiente tan complejo.
El nuevo estudio demuestra que, en determinadas condiciones, sí es posible. Los investigadores analizaron muestras procedentes de 24 paneles de arte rupestre distribuidos en 11 cuevas de España y Portugal. Entre ellas se encuentran algunos de los yacimientos más emblemáticos del arte paleolítico, como la cueva de Altamira (Cantabria), Maltravieso (Extremadura), Cudón (Cantabria), Covarón (Asturias), Escoural (Portugal) y otros enclaves con manifestaciones rupestres paleolíticas.
Las muestras se obtuvieron tanto de superficies con pigmentos como de zonas sin pinturas, lo que permitió comparar diferentes contextos de conservación.

ADN humano conservado durante miles de años
Uno de los resultados más sorprendentes fue la recuperación de ADN mitocondrial y ADN nuclear humano antiguo en varias muestras tomadas directamente de las paredes de las cuevas.
En la cueva portuguesa de Escoural, los investigadores recuperaron ADN humano en una costra calcítica asociada a una superficie pigmentada y también en una zona cercana sin pigmento. En Covarón (Asturias) también se identificó ADN humano antiguo en muestras procedentes de la pared de la cueva. En algunos casos, el ADN aparecía sin restos de ADN animal asociados, lo que sugiere que pudo depositarse directamente mediante el contacto humano y no por contaminación procedente del sedimento o de otros animales.
¿Significa esto que ya sabemos quién pintó las cuevas? No. Y este es uno de los aspectos más importantes del estudio. Los propios autores insisten en que los resultados no permiten atribuir una pintura concreta a una persona o a una especie humana determinada.
Encontrar ADN humano en una pared no implica necesariamente que ese individuo realizara la pintura. Una persona pudo tocar la pared mucho tiempo después de que la obra fuera realizada. Además, las cuevas fueron ocupadas durante miles de años por diferentes grupos humanos. Por ello, el ADN recuperado debe interpretarse con enorme cautela y siempre junto con el contexto arqueológico y las dataciones disponibles.
¿Qué puede aportar entonces esta técnica?
Aunque todavía no resuelve el debate sobre la autoría del arte rupestre, abre posibilidades extraordinarias. Si en el futuro se consigue recuperar ADN de mayor calidad y relacionarlo con cronologías precisas, esta metodología podría ayudar a identificar qué poblaciones utilizaron determinadas cuevas, conocer si diferentes grupos ocuparon un mismo espacio, estudiar la distribución espacial de las actividades humanas dentro de una cueva y comprender mejor la relación entre ocupación y producción artística. Incluso podría aplicarse en cuevas sin excavaciones arqueológicas, donde apenas existen restos materiales.
Recuperar ADN antiguo de una pared rocosa supone un desafío mucho mayor que hacerlo a partir de un hueso. Las cantidades de material genético son extremadamente pequeñas y existe un elevado riesgo de contaminación por ADN moderno. Para minimizar este problema, los investigadores emplearon protocolos muy estrictos de muestreo y análisis, además de técnicas de enriquecimiento molecular capaces de detectar fragmentos muy degradados. También analizaron los patrones de daño característicos del ADN antiguo para diferenciarlo del ADN moderno introducido durante excavaciones o visitas recientes.
¿Podrá resolverse el debate sobre los autores del arte rupestre?
Uno de los grandes debates de la arqueología europea es si algunas manifestaciones rupestres fueron realizadas por neandertales, por Homo sapiens o por ambas especies.
En los últimos años, las dataciones mediante series de uranio han sugerido que algunas pinturas podrían ser anteriores a la llegada de Homo sapiens a Europa, lo que ha alimentado la hipótesis de una autoría neandertal.
El nuevo estudio no responde directamente a esa cuestión. Sin embargo, demuestra que las paredes de las cuevas pueden conservar ADN humano durante miles de años y que, en el futuro, la paleogenética podría convertirse en una herramienta complementaria para investigar este problema.
Hasta hace pocos años parecía impensable obtener información genética de una pared rocosa. Hoy sabemos que las superficies de las cuevas pueden conservar pequeñas huellas biológicas de quienes las utilizaron. Este descubrimiento amplía de forma considerable las posibilidades de la paleogenética y demuestra que todavía quedan muchas fuentes de información por explorar.
Como ocurre con cualquier nueva metodología, serán necesarios más estudios para comprobar en qué condiciones se conserva mejor el ADN y hasta qué punto puede relacionarse con actividades humanas concretas. Pero el potencial es enorme. Cada avance en el estudio del ADN antiguo nos acerca un poco más a comprender quiénes fueron las personas que ocuparon las cuevas, cómo utilizaron esos espacios y cuál fue su relación con algunas de las manifestaciones culturales más extraordinarias de la Prehistoria.
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