
¿Hasta dónde se movían los grupos humanos hace 40.000 años?
Cuando pensamos en los grupos humanos del Paleolítico, es fácil imaginar pequeñas comunidades aisladas que se desplazaban únicamente por su territorio más próximo. Pero el registro arqueológico muestra una realidad bastante más compleja.
Un nuevo estudio publicado en Journal of Human Evolution analiza el yacimiento de Shualim Rockshelter, situado en el desierto del Néguev, en el sur de Israel, y aporta nuevas evidencias sobre la movilidad y las interacciones entre grupos humanos durante las primeras fases del Paleolítico Superior.
Un refugio ocupado durante miles de años
Shualim presenta tres niveles de ocupación que abarcan aproximadamente entre 47.000 y 36.000 años antes del presente. Los investigadores han podido establecer su cronología mediante dataciones de fragmentos de cáscara de huevo de avestruz y de los sedimentos del yacimiento.
Los niveles más antiguos corresponden al Paleolítico Superior Inicial, mientras que los niveles posteriores se relacionan con el Auriñaciense levantino o Ahmariense, una tradición tecnológica característica de esta región. Y es precisamente la evolución de las herramientas la que proporciona algunas de las pistas más interesantes.
Las herramientas cambian con el tiempo
El análisis tecnológico muestra diferentes formas de fabricar herramientas de piedra a lo largo de la secuencia. En el nivel más antiguo aparecen sistemas de talla unidireccionales asociados a puntas de tipo Levallois. Posteriormente se documentan estrategias de talla bidireccionales para producir puntas el-Wad.
En el nivel más reciente aparece además una producción especialmente especializada de piezas alargadas y estrechas. Estos cambios muestran que las comunidades que utilizaron Shualim no mantuvieron exactamente las mismas estrategias tecnológicas durante miles de años.
Pero hay algo todavía más interesante.
Conchas del Mediterráneo… en pleno desierto
Entre los materiales recuperados aparecen conchas de moluscos mediterráneos perforadas, además de otros objetos no relacionados directamente con la producción de herramientas. También se encontró un fragmento de cáscara de huevo de avestruz con grabados y una punta realizada sobre asta.
La presencia de conchas marinas perforadas en un asentamiento situado en el interior del Néguev es especialmente significativa. Estos objetos pueden haber tenido una función ornamental o simbólica y, sobre todo, indican que los materiales y objetos podían desplazarse a grandes distancias.
No es necesario imaginar que todos los habitantes de Shualim viajaban personalmente hasta la costa. Los objetos también podían circular mediante intercambio, visitas o contactos entre diferentes grupos.
Una red de contactos hace 40.000 años
El conjunto de evidencias lleva a los investigadores a proponer que los grupos que ocuparon Shualim tenían una gran movilidad y mantenían interacciones prolongadas con comunidades de diferentes regiones.
El Levante era especialmente importante en este sentido. Esta región constituye un corredor natural entre África y Eurasia y conecta ambientes muy diferentes, desde las zonas mediterráneas hasta las regiones áridas del interior.
La presencia de materias primas, objetos ornamentales y diferentes tradiciones tecnológicas sugiere que estos grupos no vivían completamente aislados.
¿Qué nos dice esto sobre los primeros humanos del Paleolítico Superior?
El estudio aporta una imagen cada vez más compleja de las sociedades humanas de hace decenas de miles de años. Las comunidades eran pequeñas, pero eso no significa necesariamente que estuvieran desconectadas. Podían desplazarse entre diferentes ambientes, mantener contactos con otros grupos y participar en redes de intercambio o interacción. Además, determinados objetos —como las conchas perforadas— pudieron tener un significado social que iba más allá de su utilidad práctica.
Por tanto, el registro arqueológico de Shualim nos habla no solo de cómo fabricaban herramientas, sino también de cómo se relacionaban entre sí.
Una de las grandes dificultades de estudiar la movilidad prehistórica es que rara vez encontramos una evidencia directa de los desplazamientos. No tenemos mapas de sus rutas ni sabemos exactamente quién viajó y cuándo. Pero podemos reconstruir parte de esa movilidad a partir de la combinación de diferentes evidencias: materias primas + tecnología + objetos ornamentales + cronología + contexto geográfico.
En Shualim, todas estas piezas apuntan hacia una misma dirección: los grupos humanos que ocuparon el refugio estaban conectados con un territorio mucho más amplio que su entorno inmediato. Y esto ocurrió hace entre 47.000 y 36.000 años.
Una prehistoria menos aislada
Este estudio se suma a un conjunto creciente de investigaciones que muestran que las poblaciones del Paleolítico Superior mantenían contactos y desarrollaban redes de interacción mucho más complejas de lo que tradicionalmente se pensaba.
El Levante fue probablemente un espacio especialmente importante para estos contactos entre poblaciones que habitaban ambientes diferentes.
Shualim nos ofrece una pequeña ventana a ese mundo. Un mundo en el que las personas se desplazaban, intercambiaban objetos, compartían tecnologías y mantenían relaciones con grupos que podían vivir a muchos kilómetros de distancia.
Hace más de 40.000 años, el desierto no era necesariamente un límite: podía formar parte de una red de movilidad e interacción mucho más amplia.
Referencia
Edeltin, L., Niespolo, E., Kracht, O. M., Alon, S., Amos, L., Friesem, D. E., Goder-Goldberger, M., Grono, E., Lavi, R., Porat, N., Schechter, H. C., Tejero, J. M., Ujma, C., Wieler, N., & Marder, O. (2026). Dawn of the Initial and Early Upper Paleolithic blade industries in the Levant: Mobility and interactions as reflected from Shualim Rockshelter, Israel. Journal of Human Evolution, 215–216, 103846. https://doi.org/10.1016/j.jhevol.2026.103846
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