
¿Comían serpientes y lagartos hace 15.000 años?
Cuando pensamos en la alimentación de las sociedades prehistóricas, solemos imaginar grandes mamíferos, peces, moluscos o plantas. Pero hace unos 15.000 años, algunos grupos humanos también incorporaban a su dieta animales que hoy pueden resultar mucho menos habituales.
Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) muestra que serpientes y lagartos fueron consumidos de manera habitual por grupos natufienses durante más de 3.000 años.
La investigación se centra en el-Wad Terrace, un yacimiento situado en el monte Carmelo, en el actual Israel, ocupado durante diferentes fases del Natufiense, aproximadamente entre 15.000 y 11.700 años antes del presente.
Una parte poco conocida de la dieta natufiense
El Natufiense es un periodo especialmente importante para comprender las transformaciones que precedieron al desarrollo de las sociedades agrícolas y ganaderas. Durante este periodo comenzaron a desarrollarse formas de vida más sedentarias, con ocupaciones prolongadas de determinados lugares.
En el-Wad Terrace, los investigadores han estudiado restos de reptiles procedentes de 20 niveles estratificados, correspondientes a diferentes fases de ocupación del asentamiento. Los resultados muestran que los restos de lagartos y serpientes aparecen de forma abundante a lo largo de toda la secuencia.
Pero encontrar huesos de estos animales en un yacimiento no significa necesariamente que fueran consumidos por las personas. Por eso, la tafonomía resulta fundamental.
Las marcas de corte cuentan la historia
Uno de los datos más importantes procede de las marcas de corte identificadas en vértebras de serpientes. Los investigadores observaron marcas repetitivas y con una distribución anatómica compatible con acciones de procesamiento mediante herramientas. Estas evidencias proporcionan una prueba directa de que, al menos en algunos casos, las serpientes fueron procesadas por los seres humanos.
Además, la ausencia de esqueletos completos y la combinación de marcas de corte con otros tipos de alteraciones apoyan la interpretación de que parte de estos restos corresponde a animales capturados y consumidos. Es decir, no estamos simplemente ante serpientes que murieron de forma natural dentro del asentamiento.
¿Qué animales elegían?
Los natufienses no consumían todos los reptiles por igual. Entre las especies más abundantes aparecen diferentes reptiles de gran tamaño, como el lagarto de cristal europeo (Pseudopus apodus), además de varias especies de serpientes.
Los análisis indican una selección preferente de especies que ofrecían determinadas ventajas como recurso alimenticio: animales relativamente grandes, accesibles y, en muchos casos, poco peligrosos. Las serpientes venenosas, por el contrario, aparecen con mucha menor frecuencia.
Esto sugiere que la elección de las presas no era aleatoria.

Un recurso disponible durante miles de años
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la continuidad. El consumo de reptiles no aparece únicamente en un momento concreto, sino que se documenta a lo largo de aproximadamente tres milenios de ocupación de el-Wad Terrace. Esto indica que los lagartos y serpientes podían constituir un recurso relativamente estable dentro del entorno mediterráneo del monte Carmelo.
Los investigadores también analizaron el entorno ambiental y concluyen que los cambios observados en la frecuencia de estos animales no parecen explicarse simplemente por transformaciones importantes del hábitat. Por ello, las variaciones en su presencia parecen estar relacionadas en mayor medida con las decisiones humanas y la intensidad de ocupación del asentamiento.
¿Qué nos dice esto sobre la dieta prehistórica?
El estudio amplía nuestra visión de la alimentación durante el final del Pleistoceno. Las comunidades humanas no dependían necesariamente de un pequeño número de recursos. Podían aprovechar una amplia variedad de animales y seleccionar aquellos que ofrecían una buena relación entre energía obtenida, disponibilidad y riesgo de captura.
En este contexto, un gran lagarto o una serpiente relativamente fácil de capturar podía convertirse en un recurso alimenticio interesante. Además, su disponibilidad podía complementar otros recursos obtenidos mediante la caza, la recolección o la pesca.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque coincide con una etapa de profundas transformaciones en las formas de vida humanas. Los grupos natufienses desarrollaron asentamientos cada vez más estables y una relación más intensa con determinados territorios.
La investigación plantea que el consumo continuado de reptiles pudo formar parte de esta estrategia de aprovechamiento de los recursos locales. De hecho, los autores observan que la explotación de estos animales estuvo relacionada con los cambios en la intensidad de ocupación del asentamiento y el grado de sedentarismo.
No se trata, por tanto, simplemente de saber qué animales comían. También podemos preguntarnos cómo las nuevas formas de ocupar el territorio modificaron las estrategias de subsistencia.
Una última mirada a la dieta antes de la agricultura
El Natufiense ocupa una posición clave en la historia de la humanidad porque se desarrolla justo antes de la expansión de las sociedades agrícolas del Neolítico. Estudiar qué comían estas comunidades ayuda a comprender cómo obtenían los recursos necesarios para mantener asentamientos cada vez más estables.
El consumo de serpientes y lagartos muestra que estas poblaciones podían recurrir a recursos muy diversos y aprovechar de manera flexible el entorno que las rodeaba. La historia de la alimentación humana no está formada únicamente por grandes animales. A veces, una pequeña vértebra de serpiente con unas marcas de corte puede revelar una parte inesperada de nuestra historia.
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