¿Qué puede revelar una tomografía sobre la vida de los niños hace 2.500 años?

20.07.2026

Durante siglos, los restos humanos arqueológicos han sido una de las principales fuentes de información para conocer cómo vivían las poblaciones del pasado. Sin embargo, cuando esos restos se encuentran dentro de fardos funerarios o en contextos de momificación, su estudio plantea un importante desafío: ¿cómo podemos conocer su contenido sin destruir la información que ha llegado hasta nosotros?

Una investigación desarrollada en el sitio arqueológico Topater-1, en Calama, al norte de Chile, muestra hasta qué punto la tecnología médica puede transformar el estudio bioarqueológico. Mediante el uso de tomografía computarizada, los investigadores han podido analizar seis fardos funerarios infantiles prehispánicos sin necesidad de abrirlos ni alterar físicamente su contenido.

El proyecto ha quedado recogido en la publicación Paleoradiología y bioarqueología infantil: Aportes al estudio de las infancias prehispánicas mediante tomografía computarizada en el sitio arqueológico Topater-1, Calama, Chile.

Seis fardos funerarios y una ventana a la infancia prehispánica

Los fardos funerarios estudiados proceden del cementerio indígena de Topater-1, un sitio arqueológico relacionado con los períodos agropastoriles del Loa Medio, aproximadamente entre 500 a. C. y 100 d. C.

La muestra está formada por seis individuos infantiles con edades estimadas que abarcan desde aproximadamente 30 semanas de gestación hasta unos 7 años. Esta variedad permite acercarse a diferentes etapas de la infancia y analizar aspectos relacionados con el crecimiento, la salud y las prácticas funerarias.

El estudio de restos infantiles es especialmente importante porque los niños constituyen una parte fundamental de cualquier población del pasado. Sin embargo, durante mucho tiempo su presencia en el registro arqueológico ha sido menos visible que la de los adultos, tanto por la menor resistencia de sus esqueletos como por la dificultad de interpretar los procesos relacionados con el crecimiento y el desarrollo.

La tomografía como herramienta bioarqueológica

La tomografía computarizada permite obtener imágenes del interior de un objeto mediante la utilización de rayos X y generar reconstrucciones tridimensionales de sus estructuras internas.

En el caso de los fardos funerarios, esta tecnología ofrece una ventaja fundamental: permite estudiar el contenido sin tener que desmontar las envolturas ni manipular directamente los restos.

De esta manera, es posible analizar:

  • la posición anatómica del individuo
  • el grado de conservación de los restos
  • la presencia de elementos asociados
  • los materiales utilizados en el enfardamiento
  • posibles alteraciones tafonómicas
  • indicadores de enfermedad
  • y diferentes aspectos relacionados con el crecimiento y el desarrollo

El objetivo no es sustituir el análisis osteológico directo, sino obtener información que, en muchos casos, sería imposible conseguir sin poner en riesgo la integridad del conjunto funerario.

¿Qué se puede conocer sobre la salud de los niños?

Uno de los principales objetivos del proyecto es la caracterización bioantropológica de los individuos. A partir de las imágenes obtenidas mediante tomografía, los investigadores pueden estudiar el desarrollo óseo y dental, estimar la edad al morir y documentar posibles alteraciones patológicas.

También se pretende evaluar la presencia de indicadores relacionados con el estrés fisiológico y las condiciones de salud que afectaron a estos individuos durante su corta vida.

Este tipo de información permite plantear preguntas fundamentales: ¿Existieron problemas de salud durante la infancia?. ¿Se produjeron alteraciones en el crecimiento?. ¿Podemos identificar enfermedades o lesiones?.¿Existen diferencias entre los individuos? La respuesta a estas preguntas puede ayudar a reconstruir aspectos de la vida cotidiana de las poblaciones prehispánicas del norte de Chile.

La infancia también se estudia a través de la muerte

La investigación no se limita al análisis del cuerpo. Los fardos funerarios también proporcionan información sobre las prácticas mortuorias.

Desde una perspectiva arqueotanatológica, los investigadores pueden analizar cómo fueron preparados los cuerpos, cómo se organizaron las envolturas, cuál era la disposición anatómica y qué elementos fueron depositados junto a los individuos.

El fardo funerario, por tanto, no es simplemente un contenedor de restos humanos. Es un contexto arqueológico complejo que puede conservar información sobre las creencias, las prácticas funerarias y la forma en que una sociedad entendía la muerte y trataba a sus miembros más jóvenes. La manera de envolver un cuerpo, su posición y los objetos asociados forman parte de una conducta social y cultural que puede ser estudiada arqueológicamente.

Una investigación que no necesita abrir los fardos

Uno de los aspectos más importantes de este proyecto es su carácter no invasivo. La posibilidad de estudiar el interior de los fardos sin desmontarlos permite conservar tanto los restos humanos como la organización original del contexto funerario. Esto resulta especialmente relevante en el caso de los restos momificados y los fardos funerarios, donde la propia disposición de los materiales puede contener información arqueológica irrepetible.

Una vez que un fardo se desmonta, algunos elementos pueden desplazarse o perderse. La tomografía permite, en cambio, documentar el conjunto antes de cualquier intervención y conservar un registro digital de su estructura interna. En este sentido, la paleoradiología se convierte en una herramienta fundamental para la conservación preventiva y para el estudio científico del patrimonio arqueológico.

La tecnología médica aplicada a la arqueología

El proyecto también pone de manifiesto la importancia de la colaboración entre diferentes disciplinas. La investigación combina la arqueología y la bioantropología con la radiología y la tecnología médica. Los estudios tomográficos fueron realizados con la colaboración de profesionales especializados en imagenología y posteriormente analizados desde una perspectiva bioantropológica y arqueológica.

Este tipo de colaboración permite aplicar herramientas desarrolladas originalmente para el diagnóstico médico al estudio de restos humanos arqueológicos.  La diferencia es que, en este caso, el paciente no es una persona viva, sino un individuo que murió hace aproximadamente 2.500 años.

¿Por qué es importante estudiar a los niños?

La infancia es una etapa especialmente sensible desde el punto de vista biológico. El crecimiento y el desarrollo pueden verse afectados por la alimentación, las enfermedades, las infecciones y otras condiciones de vida. Por este motivo, los restos infantiles pueden proporcionar información muy valiosa sobre las condiciones de salud de una población.

Además, estudiar a los niños permite aproximarnos a aspectos que no siempre son visibles en el registro arqueológico:

  • las condiciones de crecimiento
  • la alimentación
  • las enfermedades
  • la vulnerabilidad biológica
  • la mortalidad infantil
  • y las prácticas sociales relacionadas con la infancia

Los seis individuos de Topater-1 ofrecen, por tanto, una oportunidad para estudiar no solo cómo eran físicamente estos niños, sino también algunas de las condiciones de vida de las comunidades a las que pertenecieron.

Una nueva forma de mirar al pasado

La investigación de los fardos infantiles de Topater-1 demuestra cómo la tecnología puede ampliar las posibilidades de la arqueología y la antropología.

Hace unas décadas, estudiar el interior de un fardo funerario habría requerido necesariamente abrirlo y manipular sus componentes. Hoy, las técnicas de imagen permiten acceder a una gran cantidad de información sin necesidad de intervenir físicamente sobre los restos.

La paleoradiología no sustituye a la arqueología de campo ni al análisis antropológico. Al contrario, proporciona nuevas herramientas para responder preguntas que antes resultaban mucho más difíciles de abordar.

Y, en el caso de estos seis niños enterrados hace aproximadamente 2.500 años, las imágenes obtenidas mediante tomografía pueden ayudarnos a reconstruir una pequeña parte de sus vidas, sus enfermedades, su crecimiento y la forma en que fueron tratados después de su muerte.

Porque, en ocasiones, para conocer lo que hay dentro de un fardo funerario no es necesario abrirlo. Solo hay que aprender a mirar de otra manera.

Referencia

Paleoradiología y bioarqueología infantil: Aportes al estudio de las infancias prehispánicas mediante tomografía computarizada en el sitio arqueológico Topater-1, Calama, Chile. Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama (MUHNCAL), publicación ocasional n.º 12. El proyecto estudia seis fardos funerarios infantiles mediante tomografía computarizada y análisis bioantropológico.

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